El Sembrador
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PSICOLOGÍA
El misterio de la atracción física
Cómo se produce, de qué manera se manifiesta, cuáles son sus consecuencias, cómo trabaja el inconsciente, el papel que cumple el cerebro, cuáles son las preferencias de los hombres y las mujeres, qué vinculación tiene con el amor verdadero.
 
Si hay algo difícil de explicar entre todos los aspectos y matices de la creación divina es el gusto o la atracción que sentimos por algunas personas del sexo opuesto.
Es algo tan fuerte que toma posesión de nosotros y desactiva regiones del cerebro que intervienen en el juicio, la crítica o la valoración moral, lo que hace que sobreestimemos los atributos positivos, le prestemos poca atención a los negativos[1] y perdamos la objetividad.
La gran pregunta es ¿cómo y por qué se produce este fenómeno?
Los psicólogos sostienen que los criterios de elección no son conscientes, sino que se forman en las capas profundas de la personalidad, a las que la razón y la reflexión no tienen ningún tipo de acceso[2].
Es posible que usted mismo recuerde haber gustado de inmediato de alguien sin saber conscientemente por qué; sólo pasado cierto tiempo habrá sido capaz de verbalizar el motivo de tal sentimiento. Dice Zajonc (1980) que las emociones (tanto positivas como negativas) son más instantáneas y primitivas que los pensamientos. A veces, las razones surgen más tarde, para justificar nuestros sentimientos intuitivos[3].
Freud creía que las preferencias inconscientes eran determinadas por las relaciones del individuo con sus padres durante la infancia. De acuerdo con dicha hipótesis, la mayoría de las personas mostrarían una tendencia a enamorarse de alguien que se parezca de alguna manera a su padre o su madre. Otros eligen un compañero con características diametralmente opuestas, en un intento por “negar” la imagen materna o paterna. Este punto de vista ha sido criticado por un gran número de psicólogos y psicoterapeutas modernos, quienes afirman que las relaciones con los padres son apenas uno de los factores que determinan las preferencias amorosas.
Las necesidades emocionales de la personalidad son múltiples y complejas, y evolucionan a través de todas las experiencias de la vida.
Algunos psicólogos sostienen que cada individuo lleva en su inconsciente una imagen ideal del tipo de persona que le gustaría tener por compañera. Por eso es muy importante todo lo que almacenamos en nuestro cerebro. Los pequeños detalles que hacen que un hombre se sienta atraído por una mujer serían el primer eslabón de la cadena de representaciones ligadas al inconsciente.
 
¿Cuáles son esos detalles?
La mujer tiende a apreciar al hombre por su personalidad, mientras que el hombre se fija más en el aspecto exterior.
La mujer luce más atractiva si tiene rasgos inmaduros que sugieren carencia de dominación (Cunningham, 1986; Keaging, 1985). El hombre, cuando su rostro sugiere madurez y seguridad.
Un enfoque sociobiológico explica tales diferencias: la mujer propende a seleccionar al hombre cuyos rasgos y recursos sugieren el máximo de contribución para sus hijos. Por lo tanto, factores como status, ambición y poder son de mayor importancia para ella que para el hombre, esto explica por qué las mujeres físicamente atractivas tienden a casarse con hombres de alta posición socioeconómica y por qué los hombres compiten con tanta determinación para lograr fama y fortuna.
En cualquier caso, lo determinante es la percepción que lleva la información a la retina y el nervio óptico se encarga de trasladarla a la corteza cerebral, donde se consolida la atracción.
Cuando un hombre o una mujer se sienten atraídos por alguien del sexo opuesto, sus cuerpos empiezan a experimentar algunas transformaciones involuntarias. El ritmo de las pulsaciones se acelera, la respiración se vuelve más rápida y exteriormente, se observa una agitación poco común; se producen alteraciones en la manera de hablar y la persona tartamudea y duda en medio de una frase.
Al mismo tiempo, trata de realzar sus aspectos más atrayentes y de despertar la atención del otro. Una señal de interés más sutil es la dilatación de las pupilas. Eckhard Hess, psicólogo estadounidense, reveló que un hombre al sentirse atraído por una mujer, experimenta una dilatación involuntaria de sus pupilas y pasa largos períodos de tiempo mirándola, aunque no esté hablando con ella.
 
El amor verdadero
Es una experiencia única, un regalo de Dios que puede conducir a la felicidad, pero por más fascinante que pueda ser la atracción física, no debe confundirse con el amor propiamente dicho. Sólo después de superada esta primera fase, el hombre y la mujer comenzarán a conocerse realmente.
A diferencia del amor pasajero que carece de sentido crítico, una relación más profunda hace surgir, desde sus comienzos, las diferencias que siempre existen entre dos seres humanos.
Aun inconscientemente, cada individuo busca en el otro la encarnación de un ideal y, en cierto sentido trata de “modelar” a su compañero de acuerdo con esa imagen, que ya llevaba en su mente antes de conocerlo. En realidad no se debe tratar de cambiar al ser amado, sino que cada uno debe pensar en dar felicidad al otro, y no a sí mismo. Como la fe, el amor puede surgir de una “revelación” súbita e irresistible, pero para que no llegue a extinguirse, es necesario que sea trabajado y reconquistado a diario.


[1] WHITTAKER, James. 1977. “Psicología”.Motivo, sentimiento y conducta humana. Pág. 198. Editorial Interamericana. Tercera edición

[2] LIBRO DE LA VIDA. Autores varios. 1975. “La búsqueda del amor”, capítulo IV. Los secretos de la mente. Pág. 612. Editorial Abril educativa y cultural S.A.

[3] MYERS, David. 1987. “Psicología Social”. Capítulo XIV Atracción: Simpatía y amor por los demás. Pág. 456. Editorial Médica Panamericana. Segunda edición.